miércoles, 14 de agosto de 2013
miércoles, 17 de julio de 2013
MALLEA Y EL BOXEO
MALLEA Y
EL BOXEO
Victoria Ocampo— ¿Practicó algún deporte?
Eduardo Mallea— Entré inducido por mi padre,
“para que supiera defenderme”, en el Boxing Club, donde fui alumno del famoso
Willie Gould y peleaba en exhibiciones semanales en público recibiendo golpes
en el ring ilustre por los que allí se habían medido, saliendo mareado de entre
las sogas, con los hermanos Palomar o con Suárez; y llegué a ser campeón
universitario con el doctor Herosa de árbitro, después de dos combates
terribles...
Del libro
de Victoria Ocampo, Diálogo con Mallea
(de 1967), Editorial Sur, Buenos Aires, Argentina, 1969
lunes, 12 de noviembre de 2012
BORGES Y MALLEA, VISTOS POR WALDO FRANK (TREINTA AÑOS SIN EDUARDO MALLEA [III] 12 noviembre 1982-2012)
BORGES Y MALLEA, VISTOS POR WALDO
FRANK
Jorge Luis Borges, el estilista más fino de su
generación, dedica descaradamente su genio a una literatura de fantasía y de
franca escapada —dando incidentalmente a la novela detectivesca una excelencia
literaria desconocida. Eduardo Mallea, mucho más profundo, en su Historia de una pasión argentina revela
—honda y poderosamente— el sentido que tiene del destino de Argentina; y en La bahía de silencio, la larga historia
de la vida del porteño... una novela cuyo tono y timbre es el de la ciudad...
muestra la pampa disolvente en la nulidad, en el cándido aburrimiento de sus
personajes que son fantasmas de un limbo espiritual inactivo.
(W. Frank, Viaje
por Suramérica, Ed. Cuadernos Americanos, México
D. F., México, 1944)
TREINTA AÑOS SIN EDUARDO MALLEA (II) 12 noviembre 1982-2012
A modo de autobiografía
Siempre me ha parecido hallarme infantil, detrás
de mis propios medios, inferior a lo que me pensé o debí ser, callado de puro
necesitar oír, respetuoso de los seres humanos cualquiera fuera su condición
con tal de que su condición fuera honesta y el planteo de sus vidas más capaz
de renuncias silenciosas que de aceptaciones elocuentes. He odiado todas las
formas de la persecución, todas las formas de la hipocresía y la impiedad; y me
he sentido siempre más adicto de las grandes inocencias que de las vocaciones
imperiosas. He sido y me he sentido muy imperfecto, lo cual a veces me ha desencantado
de mí mismo, produciéndome una tristeza parecida a la culpabilidad; pero he
preferido mirarme cara a cara conmigo mismo que
convencerme fácilmente, en las comodidades tolerantes de la presunción,
de que era más de lo que era.
Eduardo Mallea
TREINTA AÑOS SIN EDUARDO MALLEA (I) 12 noviembre 1982-2012
CITAS
"Si no sabes lo que eres, ¿cómo sabrás lo que
buscas?"
"Ejercitar el pensamiento como una pasión de la
conciencia"
"Yo os aseguro que será por su palabra y no por
otra, como os llegará de un modo inminente, en una forma arquitecturada, el
sentido, la calidad, la temperatura de nuestra presencia en el mundo"
"Querían escapar de sus propias pasiones
hundiéndose más y más en ellas"
Eduardo Mallea
viernes, 26 de octubre de 2012
¡BASTA! Por Eduardo Mallea
¡BASTA!
Por Eduardo Mallea
Basta.
Basta de otras cosas. Basta de muchas cosas más.
Basta de abuso, basta de estupidez entronizada, basta de delictuosos pactos de
pequeños estados personales dentro del gran Estado; basta de políticos, de
explotadores, de cínicos con poder y de poderosos con cinismo; basta de torpes
arriba y de auténticos abajo. Basta de descomposición pública. Basta de
desconocedores del país moral, con mando en el país político. Basta de hijos
bastardos del país espiritual, con voz en el país ostensible. ¡Basta de todo
eso!
Basta de otras cosas. Basta de muchas otras cosas
más. Basta de lo que nos empequeñece y nos envilece como nación. Basta de los
que nos reducen a su medida, que es pequeña; a su idioma, que es precario; a su
salud, que está contaminada; a su moral, que es abominable; a su poder, que
está basado en el convenio de comité; a su dinero, que viene de malos juegos; a
su idiosincrasia, que es grosera; a su cultura, que es torpe; a su vocabulario,
que es estólido; a su estilo general, que es el estilo general de una gran
indignidad de conciencia.
¡Basta de todos esos!
Eduardo
Mallea, La bahía de silencio, Editorial
Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, octubre de 1940
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